Los poderosos rasgos distintivos propios del Thot egipcio difieren a veces de modo sustancial del Hermes griego.
Hermes-Thot era el patrón de los alquimistas y, según nos ha legado la tradición, el fruto de sus esfuerzos y desvelos era la consecución de la llamada «piedra filosofal», aunque asimismo los alquimistas se referían al famoso «polvo de proyección» y el «elixir de larga vida». Según las leyendas, La Tabla de Esmeralda guardaba las claves de la transmutación y mostraba las formas diferentes de alquimia y cuyos secretos podemos inferir que estaban en manos de los sacerdotes egipcios.
En la Edad Media, y como medida de prudencia, los viejos alquimistas mezclaron en sus textos y en sus símbolos elementos y referencias pertenecientes a los tres tipos de operaciones y escondieron los tres frutos de su obra, es decir, el polvo de proyección, el elixir y la piedra viva, bajo el nombre genérico de «piedra filosofal», para enfatizar que su trabajo era sobre todo de índole filosófico y místico, y no una mera labor manual.
El verdadero y principal objetivo de los alquimistas era conseguir su propia transmutación, pero no referida a aspectos psicológicos, ni siquiera espirituales en el sentido más abstracto del término, y mucho menos simbólicos. Se trataba de la transformación de su carne y de su sangre, de sus células, nervios, órganos y cerebro, fluidos y glándulas. Su cuerpo era el verdadero laboratorio y él mismo se convertía en un ser transmutado.
¿Diferencias? El cambio de una mente normal a una mente iluminada, la posibilidad de «respirar luz» y, sobre todo, el poder de asimilar «la nutrición divina» a través de su carne y de su sangre aptas para recibirla. Las operaciones manuales con hornos, matraces y alambiques serían referencias imprescindibles que servirían de reflejo y espejo, pues la naturaleza es «una» y sus procesos y leyes inmutables. Además, y como añadido, les permitía contemplar el espectáculo de la creación que se desarrollaba ante sus ojos.
Sabios alquimistas, cautos constructores y médicos prodigiosos que nos dejaron sus claves en los lugares más inverosímiles y curiosos, y a la vista de todo el mundo en un saber heredado del sagrado conocimiento del antiguo Egipto. Como arriba, así es abajo; como dentro es afuera, nos dijeron a la sombra de su patrón Hermes-Thot.

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